13 diciembre 2009

NAUFRAGOS
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A lo largo de todo el año 1917, el puerto coruñés recibió un gran número de náufragos de buques de distintos países hundidos por los alemanes durante la primera guerra mundial.
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El 7 de enero entró el vapor noruego Northeim, con 44 náufragos de los vapores Borghhohn y Alpohonse. El primero también era noruego y el segundo francés, fueran torpedeados el día de Reyes. El 18 del mismo mes de enero el vapor sueco Carl Sverige remolcó hasta el puerto dos botes con 25 náufragos del vapor español Manuel.
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El 29 de julio el vapor español Cresalubi arribó a la ciudad para desembarcar 26 náufragos del vapor noruego Gildemprise.
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El 2 de octubre entró un bote salvavidas del velero Bon Premir, llevando 22 náufragos de dicha nave hundida el 29 de septiembre a la altura del Cabo Finisterre. El 20 de octubre llegaron a la ciudad 22 náufragos del vapor California que arribaran al cercano puerto de Malpica.
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Y el 20 de diciembre 21 náufragos del vapor norteamericano Actakun llegaron a la ciudad tras desembarcar por el Cabo Vilaño, tras haber pasado un travesía de doce días.

09 diciembre 2009

SOCIEDAD FILATELICA
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En los últimos meses de 1960 un grupo de filatélicos coruñeses deciden asociarse y empezar a realizar todos los trámites para la creación de una Sociedad Filatélica. Secundino Bello Campo, Fernando Castelo García, Angel Sánchez-Arévalo Sanz y Luis Pier Pasarón fueron las personas que dieron los pasos necesarios para la constitución de dicha sociedad. El 7 de abril de 1961, la Dirección General de Política Interior del Ministerio de la Gobernación aprueba el Reglamento de la Sociedad Filatélica.
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El 14 de abril, el Gobernador Civil comunica a la Sociedad que para que tuviese vida legal, debería constituirse en el plazo de ocho días y remitirle el acta de constitución. El día 17 se convoca una reunión extraordinaria para informar de las gestiones y constituir la primera junta directiva. La reunión se celebró el día 22 de abril en el Salón de Actos de la Delegación Provincial de Sindicatos, con asistencia de un representante de la autoridad gubernativa y más de un centenar de socios.
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El 9 de junio, el Gobierno Civil, aprueba la junta directiva y da posesión legal de sus respectivos cargos a los socios elegidos. La primera junta directiva de la Sociedad Filatélica fue la siguente:
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Presidente, Julián Poveda Pagán; Vicepresidente, Angel Sánchez-Arévalo Sanz; Secretario, Luis Pier Pasarón; Vicesecretario, Fernando Castelo García; Tesorero, Manuel Soto Vieiro; Contador, José Ruiz Gómez; Director de Cambios, Pedro Martínez Santos; Vocal de Cambios, Alejandro Palacios Seijas; Vocal de Numismática, Fernando Fernández Padín; Vocales de la Sección Infantil, Luis García de la Fuente y José Teijido Fraga; Vocales de Prensa y Propaganda, Ramiro Martínez-Anido Baldrich y Manuel Puga Pequeño; Vocales Tasadores de Colecciones, Francisco de las Heras Pérez y Narciso Elorrio; Vocal de Material, Genaro Vieito Fonteboa.
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El primer artículo de la Sociedad Filatélica decía que el objeto de la entidad es agrupar y dar facilidades a los coleccionistas de sellos para que efectuen sus intercambios y adquisiciones con el menor gasto posible. Se inició con 113 socios fundadores, otorgándose el número 1 a la única mujer socio, Feli Blanco Velasco, y el resto de los números fueron dados por orden alfabético, según acuerdo.
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El alcalde Sergio Peñamaría de Llano prestó una colaboración importante a la Sociedad. Se cedieron los locales municipales de la Biblioteca en los Jardines de Méndez Núñez para la utilización gratuita de los mismos por parte de la Sociedad Filatélica. El 21 de agosto de 1961 la Sociedad entregó una placa en agradecimiento por la colaboración prestada al alcalde. Tras pasar por diversos locales, la sede actual de la Sociedad Filatélica, desde el año 1989, se encuentra en la calle Federico Tapia, número 65.
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El 23 de junio de 1977, la Dirección General de Correos concedió a la Sociedad Filatélica la Medalla de Plata al Mérito Filatélico. A finales de la década de los 70, empieza a recibir una importante ayuda de la Fundación Pedro Barrié de la Maza, colaboración que se mantiene hoy en día junto con la de otras entidades públicas y privadas.

06 diciembre 2009

CINE CUATRO CAMINOS
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El cine Cuatro Caminos, local que ocupó el solar en el que hoy se levanta el edificio del BBVA de la calle Concepción Arenal, esquina General Sanjurjo, fue proyectado por el arquitecto Pedro Mariño y Ortega el 31 de diciembre de 1928. Éste era el segundo encargo que recibía del promotor Ignacio Pardo, ya que con anterioridad Mariño había diseñado para él, en febrero de 1926, un edificio de viviendas en la Calle Adelaida Muro.
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La singularidad de esta obra (desgraciadamente desaparecida) radicaba fundamentalmente en su fachada principal. Ésta adoptaba una imagen cercana a los primeros aparatos de radio, esquema tipológico éste que difundió la empresa de cinematógrafos "Odeón" por toda Europa, y que fue adoptado con gran beneficio por las salas de exhibición de películas durante los años 20, empeñadas en dar a aquellos nuevos locales un tratamiento arquitectónico diferenciador y moderno, que curiosamente llevó a una aproximación interesada y servil al invento de la época: la radio. No conoció la ciudad ningún otro ejemplo de arquitectura para cine de diseño pretendidamente "tecnológico", aunque contó con magníficos proyectos racionalistas, como los de julio y agosto de 1934 de Cine Rex, de Antonio Tenreiro.
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El salón de cine Cuatro Caminos constaba de sótano destinado a depósito y almacén, amplia sala con asientos de preferencia, y un piso para entradas de general. El acceso al sótano se hacía por una puerta en la calle Concepción Arenal, destinándose la fachada a General Sanjurjo para entrada de público. En la planta baja, dos tramos de quince filas de butacas proporcionaban acomodo a 256 espectadores. Y los asientos de general permitían descanso a 209 personas. En total, la capacidad del local era de 465 espectadores. Desaparecido en 1948, su pérdida supuso un grave daño al patrimonio arquitectónico de la ciudad.

03 diciembre 2009

CAPITANIA
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El actual palacio de Capitanía General se levanta sobre el solar del que en el siglo XV tenía el prócer gallego Gómez Pérez das Mariñas. Este palacio lo heredó su hija Constanza y se cree que en él se alojaron los primeros capitanes generales y gobernadores del Reino de Galicia. Su forma y dimensiones son desconocidas.
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Cuando la Audiencia de Galicia se estableció en A Coruña, 1573, ocupó un edificio situado en la calle de la Alfaiatería, más tarde llamada de Santiago. Arruinada esta casa y la de Gómez das Mariñas, es decir, la que servía de palacio de Capitanía General, el rey Fernando VI, por Real Cédula del 14 de junio de 1748, mandó que se levantase un palacio nuevo con habitación del Capitán General y Gobernador del Reino, y residencia del Tribunal de Audiencia. También se ordenaba la construcción de la Cárcel Real, que quedaría adosada al palacio. Éste llevaría reloj.
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Para poder realizar dichas obras fue menester imponer el arbitrio de un maravedí en cada azumbre de vino que se cosechase en todo el Reino de Galicia durante dos años. Con esos ingresos se dió principio a la obra, pero como ésta no se acabó en los dos años previstos, tuvo que prorrogarse el arbitrio otros dos años más, aunque reducido a la mitad. Se terminó hacia 1760 - 1761, ya que en 1763 habitaba ya en palacio del capitán general Carlos Francisco de Croix. El autor de los planos fue el ingeniero Juan Vergel. En 1845 se albergaban en el mismo edificio la Diputación Provincial y el Gobierno Político o Civil, con su secretaría.
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La parte derecha del edificio la ocupaba desde su construcción, la Audiencia Territorial, con diferentes salas para la Administración de Justicia y Archivo Regional de Galicia, creado en 1776, y formado por los papeles procedentes de los pleitos sustanciados en la Audiencia. Ésta pasó a ocupar el Palacio de Justicia actual en 1930. El palacio es de planta rectangular, muy espacioso, y con patio en su centro. Severo en su fachada, es uno de los pocos edificios donde se ve campar el escudo del Reino de Galicia, que figura sobre los dinteles de las ventanas y balcones del segundo cuerpo.

30 noviembre 2009

CAMPO DE LA LEÑA
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En los inicios del siglo XX era una planicie que se extendía entre la Ciudad Vieja y la Pescadería. Con anterioridad se llamó Campo da Forca, nombre que traía a la memoria la imagen del verdugo montado a caballo del reo, según costumbre de la época. Parecería poco eufónico a los encargados de la cosa pública, ya que decidieron cambiárselo.
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En el Campo da Leña se vendía de todo. En los días de mercado la gente del campo se surtía de lo necesario, tanto en los puestos de quincalla como en los de ferretería.
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De especial interés era la sección bibliográfica. No se colocaban los libros a granel sobre el suelo, sino que los puestos tenían la categoría de verdaderas tiendas. Era grande el número de bibliófilos madrugadores que tenían la paciencia de ir examinando todos los libros en busca del ansiado incunable. Allí había de todo, tanto en lo literario como en lo musical, si bien lo primero dominaban las ordenanzas y cuartillas de la Guardia Civil y en lo segundo las polcas y habaneras.
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Los muebles ocupaban un segundo plano. Los tipos más corrientes eran la cuna de pino sin pintar y la cama de hierro que se doblaba sobre sí misma y ahorraba la estampa en la pared porque todos tenían en el medallón de la cabecera la efigie de alguno de los beneméritos de la iglesia.
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Fuera del bullicio y del conjunto principal estaba el mercado rural, de productos de la agricultura y de la industria del país. Piñas, "poma", "queiroas" y barro de Buño eran las principales mercanías que expendían. La hoja de máiz o "poma" seguía siendo, pese a los jergones metálicos, base del decúbito local.
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Todo se vendía por libra, vara o ferrado, pero la "poma" se vendía por "sábana", medida única en los anales métricos españoles. Dos buenas sábanas de hoja de maíz hacían un jergón camero.
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Y no podía faltar el violinista, el pajarito sabio que vaticinaba el porvenir y la gran rueda del barquillero en la cual no se sorteaban barquillos, pero sí petacas, "esqueiros" y cuchillos, que temerariamente podían "convertir al agraciado por la suerte en candidato al juicio oral".
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El Campo de la Leña tenía el carácter de una feria, con el aliciente que le daban las mil curiosidades, los restos de grandezas pasadsas que allí iban a parar, lo cual no sucedía en otros mercados.

27 noviembre 2009

HOTELES
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La década de los 60 se caracterizó en A Coruña por un espectacular "boom" de la construcción, que si en algunos casos propició auténticas obras de renovación urbana, en otros supuso un urbanismo decadente que ultrajó a bellas arquitecturas que hoy supondrían un orgullo para la ciudad. Como ejemplo sirven tres edificios singulares, el Atlántico, el Palace y el Gran Hotel de Francia, que lejos de remozarse, sucumbieron en 1967, fagocitados por un progreso mal entendido.
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En febrero de ese año quedó el antiguo hotel Atlántico reducido por irreverentes máquinas y barrenos, que hicieron estragos en su preciosa construcción. Había sido inaugurado en 1923 en el espacio que ocupa el Salón Cinema Coruña, demolido en 1919.
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Anunciado como el más lujoso y confortable de Galicia, el Atlantic Hotel, como se le denominaba en un principio, constaba de 55 habitaciones, todas con teléfono y agua corriente caliente y fría. Su derribo rompió la armonía arquitectónica formada con los edificios del Kiosco Alfonso y La Terraza, dando paso al moderno establecimiento hostelero, que desentona con el conjunto del Relleno.
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En junio siguió sus pasos el célebre hotel Palace (denominado Palas desde 1940), situado en el punto más céntrico de la población, frente al Obelisco. Inaugurado en 1916, en el edificio conocido como Casa de Caruncho, y ampliado en 1925, presentaba una "instalación lujosa, higiénica y moderna en sus 50 habitaciones", como señalaba la publicidad de la época.
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El Gran Hotel de Francia, uno de los más antiguos, que había cambiado su nombre por el de Hotel España, fue reemplazado por el Banco Exterior de España, en Juana de Vega.

25 noviembre 2009

ALFONSO MOLINA
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Alfonso Molina falleció, siendo alcalde de la ciudad, a los 51 años de edad, el 25 de noviembre de 1958, al mediodía, en el hospital Español de Río de Janeiro, víctima de una angina de pecho. Se hallaba en la ciudad brasileña como miembro de la delegación española participante en el Congreso Iberoamericano de Municipios, y el día anterior a su muerte se encontró indispuesto en el hotel Excelsior, donde se alojaba.
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Sus restos mortales llegaron al aeropuerto madrileño de Barajas, procedentes de Río de Janeiro, en la noche del día 26, y prosiguieron viaje hacia A Coruña en un furgón del Ministerio de la Gobernación.
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Toda la ciudad de A Coruña enlutada, alineada a lo largo de la Avenida de Lavedra, esperaba, desde el Pasaje hasta la Plaza de María Pita, la llegada del cortejo fúnebre. El féretro entró en la ciudad escoltado por los coches de muchos coruñeses. El salón de sesiones del Ayuntamiento quedó convertido en capilla ardiente, presidido por, la imagen de la patrona de la ciudad, Nuestra Señora del Rosario. Por ella pasaron miles de personas para expresar su pesar.
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En señal de luto, el comercio cerró sus puertas, todas las banderas se colocaron a media asta y en los balcones de las casas colgaban crespones negros. Sus restos serían inhumanos en San Amaro a las cuatro de la tarde del día 27. Le fue concedida, a título póstumo, la Gran Cruz de Beneficiencia. Asimismo, la corporación municipal, en pleno, acordó nombrarle Hijo Predilecto de la ciudad, otorgarle la Medalla de Oro de A Coruña y dar su nombre a la hasta entonces Avenida de Lavedra.
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Alfonso Molina estaba en posesión de un sinfín de títulos honoríficos: Gran Placa y Banda de la Independencia de Jordania, Encomienda de la Orden de Cristo, de Portugal; concejal honorario del Ayuntamiento de París, etcétera. El 7 de octubre de 1968, siendo alcalde Salorio Suárez, se le levantó un monolito frente a la casa de Puerta Real en la que vivió.