02 junio 2007

LA GUERRA EN A CORUÑA
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En la madrugada del 19 al 20 de julio de 1936 se interceptó un telegrama del Jefe de E. M. de la 8ª División, Teniente Coronel Tovar, dirigido a las guarniciones de la región, en el que se les anunciaba que el día 20, a las 14 horas, sería declarado en A Coruña el estado de guerra.
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Por eso, dicho día, aunque amaneció tranquilo, la ciudad ya ofrecía una fisonomía especial. Delante de las fachadas principal y posterior del Gobierno Civil, se levantaron trincheras y parapetos con sacos de arena y adoquines, en los que se habían instalado varias ametralladoras y morteros.
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A las 12.30 ya habían cerrado todos los establecimientos y a las 14.00 horas dejó de funcionar el tráfico de tranvías y coches particulares. Las fuerzas de asalto y las organizaciones populares quedaron dueñas de la calle.
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Por la radio local se anunció que iba a ser declarado el estado de guerra y efectivamente, a las 14.30 salieron las tropas de los cuarteles de Artillería e Infantería. Una sección de esta última Arma, desplegada en guerrillas, llegó hasta la Plaza de María Pita donde un oficial leyó y fijó el oportuno bando que estaba firmado por D. Enrique Cánovas de la Cruz como Comandante Militar de la Plaza.
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Como consecuencia del enfrentamiento habido entre los jefes militares, estaban detenidos además del Jefe de la División, General Salcedo, el General Caridad Pita, el Coronel Torrado, el Comandante de E. M. Alonso y el de Ingenieros, Auz. Del mando conjunto de las fuerzas se había encargado el Coronel del Regimiento de Infantería de Zamora, Martín Alonso.
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Decididas las fuerzas alzadas a incautarse del Gobierno Civil donde permanecía el Gobernador, Pérez Carballo, batieron el edificio con fuego de cañón, por el frente que da a la Avenida de La Marina. Se dispararon contra el edificio nueve cañonazos, al final de los cuales fue izada la bandera blanca. A las 18.30.
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Fueron detenidos y conducidos al cuartel de Infantería el Gobernador Civil, Pérez Carballo, el alcalde, Suárez Ferrín, el Secretario, Martín Martínez, el presidente de la Agrupación Socialista, Ramón Maseda, el comandante de la Guardia de Asalto, Manuel Quesada y el capitán de dicha Arma, Gonzalo Tejero, así como el teniente, Isidro Pousada y el concejal Blanco Lemus.
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Las fuerzas de la Guardia Civil, Artillería, Infantería, Carabineros, Intendencia y Sanidad salidas a la calle, fueron avanzando con decisión y cautela, haciéndose dueños de las vías céntricas, por las que no transitaba nadie. Fue ocupado, con escasa resistencia, el edificio de Correos y Telégrafos. También fue ocupada la emisora de Radio Coruña por la que inmediatamente se dio lectura al bando del General Cánovas, declarando el estado de guerra. Las fuerzas de Asalto se sumaron, con sus oficiales, a las fuerzas del Ejército.
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A las 21.00, el Ejército y los guardias eran dueños de la situación desde la Ciudad Vieja hasta la Avenida de Linares Rivas y la calle de Caballeros.
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El 21 de julio la llegada de una columna de mineros, procedente de Noia y Viveiro, hizo renacer las esperanzas entre las fuerzas que se enfrentaban a los militares. La columna minera intentó conquistar audazmente la ciudad, avanzando por la calle de Linares Rivas, pero fue detenida en la Plaza de Orense por las fuerzas de Artillería, mandadas por el capitán Judel. También hicieron frente a la columna minera una sección de ametralladoras situadas en el Colegio Dequidt y las fuerzas que guardaban la emisora de Radio Coruña en la calle Fontán.
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Los mineros retrocedieron al chalet de Torrado, donde comienza la calle de Ramón de la Sagra y a la casa de Bendamio, de cuyos reductos acabaron huyendo antes el acoso de las tropas de Judel.
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El capitán Oliete tomó el monte de Santa Margarita y el Gurugú, en tanto que Monelos y Oza cesaban en su resistencia, estableciéndose contacto con el cuartel de la Guardia de Asalto que había quedado sitiado.
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En la madrugada del día 22 se publicó un bando en el que la Autoridad militar daba un plazo de 24 horas a los obreros para que se reintegrasen al trabajo, con amenaza de duras sanciones a los que no lo cumplimentaran.
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Asimismo se creó una Milicia civil denominada "Caballeros de La Coruña", bajo el mando del teniente coronel Benito de Haro que serviría, según sus estatutos, "para colaborar con el Ejército en la represión y pacificación de las zonas de la provincia atacadas por elementos subversivos".
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El 24 de julio de 1936 comenzaron las ejecuciones en A Coruña. En cumplimiento del fallo dictado por los tribunales militares, le fue aplicada la pena capital al ex-Gobernador Civil D. Francisco Pérez Carballo, al comandante de las fuerzas de Asalto D. Manuel Quesada y al capitán de dichas fuerzas D. Gonzalo Tejero. La ejecución se efectuó en la península de Punta Herminia, inmediata al cementerio y a la Torre de Hércules. Fuerzas de asalto fueron las encargadas de la ejecución.
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El día 28 de julio de 1936 se advertía, por medio de un bando militar, de la peligrosidad de no identificarse de una manera absoluta con el Alzamiento Nacional, en los siguientes términos: "El Ejército considerará como enemigos y como tal los tratará, a todos los que de uno u otro modo o simplemente con su neutralidad traten de entorpecer su patriótica y elevada obra social. La justicia será rápida y ejemplar, pese a quien pese y caiga quien caiga".
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El día 29 de julio de 1936 fueron fusilados en Adormideras los hermanos Bebel y France García, conocidos por el sobrenombre de "los de las lejías" así como Enrique Miguel Moscoso, más conocido por el "cristo de Vioño" a quien se le imputaban gravísimos hechos delictivos.
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El día 31 de agosto de 1936 fueron ejecutados el alcalde de A Coruña Suárez Ferrín, su secretario Joaquín Martín Martínez, el diputado a Cortes de Izquierda Republicana, Manuel Guzmán, el funcionario municipal Francisco Reinante y Franciso Mazariegos Martínez. El juicio se había celebrado los días 26 y 27 en el Palacio de Justicia actuando como defensores los oficiales Sres. Ozores y Zato y D. Manuel Casas. Como éste en una de sus intervenciones manifestase que consideraba completamente absurda la calificación de perversa aplicada por el fiscal a la revolución francesa que había marcado un hito en la defensa de las libertades humanas, el presidente del Tribunal le advirtió con las siguiente palabras: "Otra respuesta maliciosa como ésa y pasará de inmediato al banquillo de los acusados".
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El 8 de noviembre fueron fusilados en Ferrol, los generales Salcedo y Caridad, en donde se hallaban prisioneros desde los últimos días de julio al ser trasladados el 27 de julio desde el puerto de A Coruña en el buque correo Plus Ultra.
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Paralelos a los Consejos de Guerra, tuvieron lugar los temibles y vergonzosos "paseos" que, a diferencia de los primeros, eran totalmente silenciados, no publicándose en los periódicos.
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El 30 de agosto de 1936 se publica un bando del Gobernador Civil en el que se decía: "Se establece con carácter obligatorio, como señal de adhesión a la campaña salvadora de nuestra Patria, el saludo romano que, en su ademán de brazo en alto, recto y mano extendida, lleva la significación de franqueza, cordialidad y energía, características de la nueva y vieja España. Saludo que representa nuestra descendencia de la civilización latina, luz del mundo que es hoy símbolo de fraternidad de los pueblos que han tenido la fortuna de librarse de la esclavitud marxista".
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El 26 de noviembre de 1937 el Gobernador Civil José María de Arellano, cursó, al Presidente de la Audiencia Territorial de A Coruña, el siguiente oficio: "Siendo indigno de figurar en el registro oficial de nacimientos que se lleva en los juzgados municipales, instituido para seres humanos y no para alimañas, el nombre de Santiago Casares Quiroga, someto a su consideración la procedencia de que se cursen las órdenes oportunas para que el folio oprobioso del Registro Municipal de esta ciudad, en que se halle inscrito su nacimiento, se haga desaparecer y en ese sentido, espero me comunicará Vd. la prestación de ese obligado homenaje a la España Una, Grande y Libre de Franco. En las actas del Colegio de Abogados y en cuantos libros figure el nombre repugnante de Casares Quiroga, deberá procederse, asimismo, a borrarlo, en forma que las generaciones futuras no encuentren más vestigio suyo que su ficha antropométrica de forajido".

1 comentario:

Paco Vázquez dijo...

En cuanto a los Caballeros de La Coruña: Existían anteriormente al alzamiento, pues mi abuelo paterno perteneció a una asociación altruista con ese nombre y fué encarcelado por ese motivo en Abril o Mayo del 36, en aplicación de la Ley de Defensa de la República, sin otros cargos que el de pertenecer a dicha organización "Fascista", en espera de juicio. Antes de ser liberado, a finales de julio, coincidió en la cárcel con la detención e interrogatorio de la esposa de Francisco Pérez Carballo, que por las fechas era casi un chiquillo y que, según me contó, apareció muerto en una cuneta en la cuesta de la sal. Su esposa, embarazada, murió a causa del interrogatorio. La actividad subversiva de mi abuelo consistía en llevar tabaco a los viejos del asilo y recaudar alimentos para los necesitados por navidades y otras fechas señaladas.