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28 enero 2010

CARNAVAL
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En 1916 el alcalde Casás mediante un bando nuevo quiso dar cierto sentido común a las fiestas del Carnaval que parecían descontrolarse un poco. Así, el 19 de febrero, advertía que la fiesta tendría lugar el domingo y el martes de cuatro a seis de la tarde y que se limitaría a la zona comprendida entre la Plaza de Mina y Los Cantones y que sólo en esta zona se permitiría arrojar confetti, serpentinas y flores.
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En el palco del Paseo de Méndez Núñez tocaría la banda de música del Regimiento de Isabel La Católica y la del Hospicio en la plaza de Mina.
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Las fiestas fueron todo un éxito destacando el aspecto de las casas de los Cantones luciendo colgaduras. El desfile abarrotó palcos, sillas, galerías y balcones para seguir el paso de las carrozas, algunas de ellas realmente extraordinarias. Si buena fue la jornada del domingo, todavía mejor fue la del martes con la entusiasta participación de carrozas, comparsas, rondallas, bandas, etc dando dos vueltas al circuito.

23 junio 2009

SAN JUAN
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El 24 de junio de 1904 hubo una decapitación de cabritos, carneros y pollos en las calles de San Juan, Atocha y La Torre, para celebrar la festividad del día. Nada menos que 56 tarteras panzudas, con honores de barreño, se encontraban, a las 12 de la mañana, en uno de los hornos de una panadería sita en la última de las citadas calles. Había además, 14 gigantescas empanadas y multitud de asados.
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Muy de mañana, siguiendo una antigua costumbre, muchas personas se trasladaron a Los Castros y Eirís a tomar las fresas que, con tanta abundancia, se daban por aquellos parajes.

21 septiembre 2008

FIESTA DEL ÁRBOL
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La Sociedad Arbory, fundada en 1872 por Sterling Morton en Nebraska, Estados Unidos, alentaba el amor a los árboles. Sus asociados, además, de realizar cada año una aportación económica equivalente a cinco pesetas, tenían que plantarlos. Instituida oficialmente como Fiesta del Árbol, cada ciudadano americano plantaba uno ese día, dedicándolo a un político, a un sabio, a un poeta o a un guerrero de su devoción.
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Su origen, pues, nos viene de fuera, aunque, como apuntaba el político y sociólogo Joaquín Costa, en España existieron verdaderas fiestas del árbol con anterioridad a la guerra de la Independencia: tal era el caso de la celebrada en Villanueva de la Sierra, en 1805, a instancias de "un cierto ilustrado y celoso eclesiástico de aquella villa".
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En A Coruña esta fiesta tiene larga tradición y era conceptuada como "obra de cultura". A los escenarios de su celebración (estación de ferrocarril, sanatorio de Oza, San Amaro, plaza de Pontevedra, Granja Agrícola) acudía un enorme gentío y a los escolares iban dirigidos principalmente los mensajes de respeto al árbol "como fuente inapreciable de riqueza y manantial de solaz para nuestro espíritu", o este otro, recogido de un discurso de Joaquín Costa que se repartía entre los asistentes: "Vivos, regulan con sus funciones la vida de la Naturaleza; muertos, regulan con sus despojos la vida social. Vivos o muertos, los árboles nos acompañan por doquier en el curso de nuestra vida, como si fuesen una dilatación de nuestro cuerpo o el ángel tutelar de nuestro espíritu".
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Por la tarde continuaba la fiesta, las meriendas se repartían por el contorno y las familias participaban con sus hijos en la plantación, al tiempo que la música de Isabel la Católica interpretaba el Himno del Árbol, cuya letra era de Fernández Shaw y la música de Ruperto Chapí, coreado por los asistentes, que en el año 1913 alcanzaban la cifra de 6.000.

14 agosto 2007

FIESTAS DE MARIA PITA
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El 16 de julio de 1933, comenzaron las fiestas que anualmente dedica A Coruña a su heroína María Pita. Este año la Comisión de festejos que , sin duda, había realizado una buena labor, optó por el procedimiento que pudiera llamarse diluido, es decir, el de desenvolver, a lo largo de mes y medio, un determinado programa, reservando los números de mayor importancia para una semana grande, llenando el resto del tiempo con otras diversiones de menor cuantía.
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Frente a este sistema se había puesto en práctica otros años el de acumular el programa en un breve período de diez o quince días. Acaso resultase preferible la tendencia que ahora seguía la Comisión.
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Y no faltaba tampoco quien estimulaba que cabría un sistema diferente de ambos y que sus propugnadores estimaban que podría dar un buen resultado, consistente en llevar a cabo algunos festejos verdaderamente atractivos durante dos días –sábado y domingo, por ejemplo- de cada una de las semanas a que se extendiese el programa, dejando libres las demás jornadas.