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24 febrero 2008

LA PESCADERIA
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Plaza de María Pita. Armónica, con edificios porticados de igual altura y características galerías. No es equivalente, como en ningún caso en Galicia, a la Plaza Mayor Castellana. En ella, el Ayuntamiento, de principios de siglo. Salón de Sesiones y Alcaldía.
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Iglesia de San Jorge. La Compañía de Jesús encargó en 1693 su traza a Domingo de Andrade, autor de la Torre del Reloj de Compostela. En ella se empleó por primera vez la decoración de placas o perfiles de marquetería, que es el distintivo de los maestros gallegos del siglo XVIII. Grandes columnas y estatuas en su fachada. Tres grandes naves. Linterna sobre bóveda de arista. Estatua de San Agustín, barroca italiana. Imagen de la Concepción, de Ferreiro.
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Sarela, compostelano, trazó la iglesia de San Nicolás. Siglo XVIII. Capilla de los Dolores y su altar, de Melchor Prado también del XVIII. La más venerada imagen coruñesa, es la de la Virgen de los Dolores de esta iglesia. La fachada es de 1865.
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En Riego de Agua, el Teatro Rosalía. La calle Real, antigua de Acevedo, de mucho comercio, es paso y paseo obligado. Hacia el mar, y paralela, la Avenida de la Marina con sus galerías y el edificio neoclásico, 1768, de la Real Aduana y actual Gobierno Civil. Enfrente, el Teatro Colón y la Diputación, y Correos y Telégrafos. Los inmediatos Cantones son lo más céntrico y animado de la siempre animada Coruña.

23 julio 2007

PENINSULA
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Capital de la provincia del mismo nombre, situada entre dos bahías, sobre una península rocosa, en la costa de las Rías Altas gallegas. Sus coordenadas geográficas son 43º 22’ latitud Norte y 43º 30’ longitud Oeste del meridiano de Madrid, en arco, y 18’ 50’’ en tiempo; 8º 23’ y 46.5’’, en arco y 33º 35’ 1’’, en tiempo, al Oeste de Greenwich, que es el meridiano de la hora oficial (cuando son las 12 h. en Greenwich al paso del sol por el meridiano de A Coruña son las 11 h. 26’ y 24’’). Se halla la ciudad al nivel del mar, en un gran anfiteatro de montañas, con un lado abierto, que es el mar libre. Su posición es verdaderamente admirable y excepcional. El mar se extiende desde el lado mismo de la ciudad, rodeando la península en que se asienta, en uno de cuyos extremos se alza la milenaria Torre de Hércules. Lleva el terreno, que desciende en suaves laderas, sus cultivos hasta las orillas de las aguas, en tanto en la ribera opuesta de la amplia ría, en el rocoso y abrupto litoral donde abren las rías de Ares y Ferrol, el mar ruge a veces y se encrespa y la peña de A Marola contiene las potentes olas que sobre ella se abaten de continuo.
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Hasta hace poco de más de setenta años, y desde hace siglos, A Coruña, se consideraba dividida en dos partes: la Ciudad Alta o Vella – o simplemente la Ciudad – y la Pescadería. La primera demarcación comprende lo que era la población construida y acotada por Alfonso IX, que es la parte actual más histórica y artística de la urbe. Es la Pescadería la parte comprendida entre las murallas que defendían la Ciudad Alta por el lado de tierra y las que unían el puerto con el mar llamado del Orzán. Corrían estas últimas a lo largo de la calle de Juana de Vega, en otro tiempo de la Alameda, y se completaban con un foso de mar a mar, es decir, desde las tranquilas aguas del puerto hasta las impetuosas del indicado Orzán. Había también otras fortificaciones en este sector, a uno y otro lado, teniendo a sus extremos dos puertas designadas con los nombres da Porta da Torre de Arriba – la de O Orzán – y Porta da Torre de Abaixo – la del puerto -. Aunque hoy no existen oficialmente la nomenclatura y divisiones en que estaba repartida la superficie de la población coruñesa del modo que queda apuntado, a principios del siglo XX, por exigencias de la ampliación de la ciudad, se denominó Ensanche a una parte de la misma que era por ese tiempo huertas y tierras de labor. Sobre la superficie moderna del Ensanche y la modernísima que se ha acometido hace años, se levantan calles, jardines, plazas y paseos.
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La anexión, en 1912, del municipio de Oza por el de A Coruña significó incrementar en 10.000 habitantes los 50.000 con que contaba. Por otra parte, aumentaba notablemente su extensión, que era de 7.85 kilómetros cuadrados. Toda esta zona incorporada a A Coruña fue la huerta de la ciudad, especialmente las alturas de Eirís y el valle de Elviña. Quedó así configurado el actual municipio coruñés, con una extensión total de 36.8 kilómetros cuadrados y una población de más de 250.000 habitantes. Limita el término municipal con el Océano Atlántico al N., con dicho Océano y el municipio de Oleiros al E., al S, con los de Culleredo y Arteixo, y al O. con el de Arteixo y el Océano Atlántico.
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La ciudad de A Coruña se asienta sobre una península de unos 3 kilómetros de largo, que discurre de N. a S. y es más estrecha de E. a O. Esta península forma, al este, la bahía, y al oeste, la ensenada del Orzán.
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Los principales accidentes costeros del municipio son las puntas Herminia, del Orzán, Mexillosa, de O Burro, Liseiro, Dormideiras y de O Hospital: las playas de Riazor y del Orzán, las islas de O Boi Grande, O Boi Pequeño, O Pé, San Pedro y Redonda; y las ensenadas del Orzán, San Amaro y Os Pelamios. En el interior, las altitudes máximas, excepto el Monte das Arcas (289 m.), no llegan a los 200 metros sobre el nivel del mar.

19 junio 2007

LOS JARDINES
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Reflejan la benignidad de suelo y clima. La tierra necesita abundante hidratación. Pero por sus mismas cualidades y la aireación constante, permanece poco tiempo húmeda. Su variada y exótica flora es testigo de su clima perfecto.
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Abundantes palmeras. Verdes, altivas. Y magnolios. Olmos del Jardín de San Carlos. Y acacias. Cedros del Líbano alternan con multitud de plantas tropicales.
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Rosas en diciembre y enero. Las grandes campanas blancas aromáticas de daruras indias son –se cree- únicas en la Península. Y azaleas, rodondedros, dafnes, gladiolos, tulipanes, violetas… En sus contornos feraces el griego acanto es planta espontánea, subespontánea la hortensia.
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Camelios que son árboles. Pinares en Santa Margarita, el australiano eucalipto, de enormes ejemplares. Manzanos y perales en las Mariñas. Fresales en la parte alta de la ría.
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Gaviotas, mirlos y jilgueros en cielos y jardines coruñeses. Y gorriones. Algún cuervo, y gaviotas, en San Carlos. Y golondrinas, aviones, nevatillas, pardillos, verderones… Las bandadas de estorninos se posan cotidianamente en el crepúsculo en los jardines de Méndez Núñez.
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La escasa variación en la temperatura diurna, la óptima constante estacional, permite vecindades sorprendentes y floraciones inesperadas.
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Jardines de Méndez Nuñez, frente a los Cantones. Son uno de los principales atractivos de A Coruña. En ellos, monumentos a Concepción Arenal, estatua sedente de la Pardo Bazán y algunas decorativas esculturas. En la Rosaleda, monumento a Aureliano Linares Rivas. Paseo de Palmeras en el Relleno. Monumento a Curros Enríquez –de Asorey-, y Daniel Carballo.
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Jardín de San Carlos. Romántico. Casi enteramente circular y cerrado por muros. Tumba del General Moore. Grandes olmos, versos de Rosalía y Wolf, pequeña fuente antigua, mirtos, palmeras, rosas… Fue la “Fortaleza Vieja”, sobre lienzos de vetustas murallas. Vista sobre la bahía.

07 junio 2007

PLAYAS DE A CORUÑA
La playa rosa y curva, acariciada
tantas veces por ojos deseosos,
polvo de luz en que dejaron huellas
las gaviotas, ángeles y vientos.
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La de Riazor es playa, continuada por las del Orzán y Berbiriana en la gran curva de la Ensenada del Orzán, dentro de la ciudad, rodeada de ella. Íntima. Y sin embargo contempla el horizonte libre y abierto. De olor fuertemente yodado, saludable, fresca, amplia, en la que se conjuga lo ilimitado con la familiaridad, el reposo y lo rocoso, la azul quietud de las aguas y el recuerdo del blanco salto de las olas en tempestuosos días de invierno. Sensual roce de la naturaleza virginal y fuerte. El horizonte, las rocas, algas, anémonas, arena tibia, acre aroma yodado y salino. Y la ciudad se percibe protectora mientras la sal nos roza los labios. Restaurantes y cafeterías, servicio de tumbonas y duchas. Pequeño jardín y paseo hasta la rotonda, en el extremo de la playa. La Coraza, antiguo límite de fortificaciones de la Pescadería, mirador entre Riazor y el Orzán.
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La playa de San Amaro está vinculada a la Historia. A uno de los castillos -el de Pragueiras- medievales de A Coruña. En el gran nudo marítimo de las rías. Playa de buenos nadadores y remeros de afición.

22 mayo 2007

LAS GALERÍAS CORUÑESAS
En la ciudad estremecida de cristales
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Arte romano en la Torre, en puentes y murallas y en las villas o casas de recreo que se colgaban sobre las rías y de las que ahora aparecen restos. Arte medieval, feudal y campesino, en iglesias, monasterios y castillos. Barroco de grandes iglesias y pazos. Pero el anhelo de libertad y expansión y luz, marino y atlántico, no plasmó su expresión perfecta hasta el siglo XIX con las galerías coruñesas.
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Utilización del cristal en gran escala en la arquitectura moderna. Con el precedente de las galerías de A Coruña. Sólo una ciudad rodeada de mar, y cuya causa primigenia de existencia es el mar, que amó históricamente la libertad y que posee una luminosidad diáfana, pudo ser la que iniciase el nuevo sentido, la tendencia nueva.
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Las actuales condiciones económicas y los materiales de construcción, son propicios a la edificación del muro-cortina. Pero fue aportación genial coruñesa, en lucha contra prejuicios desfavorables, respecto de la utilización del vidrio en las construcciones, adecuar los elementos arquitectónicos al espíritu de la ciudad. Las galerías se correspondían con su tradición realenga y nunca sometida a poder feudal, con su amor a la libertad, con su luz y su ansia de horizonte y reflejos marinos.
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Las galerías tienen dentro de la ciudad gran variedad de estilos. Las más perfectas se hallan en el conjunto de la Avenida de la Marina.
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El cristal, el "agua al fin dulcemente dura" gongorina, juega en A Coruña con el luminoso y sutil cristal azul y blanco de las aguas. Condición sabia de las galerías es que están situadas frente al Austro. Y que nada estorbe al reflejo del cristal en los cristales. Una buena galería, como una buena perla o un buen verso, ha de cumplir exigentes condiciones: estar situada al Mediodía; que nada se interponga en el doble reflejo de mares y cristales; que la casa en que se halle no tenga una altura menor de dos pisos ni mayor de cinco, siendo este número de ellos el ideal; que no esté absolutamente contigua al mar, sino que haya en medio una franja de tierra, una avenida.
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Las galerías son cámaras de aire cálido que actúan como invernadero, refugio luminoso contra el viento y la lluvia, panal de luz. Estética y prácticamente una de las más ricas preseas y aportaciones de A Coruña.

28 abril 2007

CIUDAD EN EL PAISAJE
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Ciudad en el paisaje. Paisaje ella misma. Campo, mar, cristal, alegre luz. Verde de árboles, azul de mares. Esbelto perfil tendido, tallado por brisas y luces.
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Debe ser contemplada desde altitudes que pongan mar, o mares, por medio. El inmediato Montes de San Pedro, por occidente. La Zapateira, Castro de Elviña por el sur. Oleiros, Santa Cruz, Seixo Blanco por el este. O desde la Torre de Hércules. O el Parque de Santa Margarita, casi céntrico. O mejor aún, desde un avión.
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Plenamente gallega. Inmersa en el campo. Sembrada en el mar. Que no es sólo senda, reflejo, belleza de espumas y estelas o libertad de horizonte. También espíritu y cultura. Es una ciudad de verano, aunque no sólo una ciudad de verano.
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El mar conforma a A Coruña. Y a su historia. Inquieto invierno del Orzán. Plácida bahía en todo tiempo. Y playas. La personalidad de A Coruña la debe al mar. A su horizonte abierto, sus rutas oceánicas, su posición clave de las rías. El impulso marino condujo legendariamente a antiguos coruñeses a conquistar las grandes islas del norte. Más tarde a la comunicación abierta y marinera con Europa. Puerto ya utilizado por los romanos y base de la prosperidad medieval de A Coruña. Comercio de la sal, puerto de peregrinación, ciudad realenga, libre de toda traba feudal en la Edad Media. Base de las primeras expediciones a Oceanía, de muchas a América, sede de la Casa de la Contratación de la Especiería, punto de salida de Carlos I hacia el Imperio, después de sus cortes de 1520. Refugio de la Invencible, puerto anhelado por los ingleses en 1589. Correos de América, Consulado del mar en el siglo XVIII. Expedición de la vacuna a América en brazos de niños coruñeses a principios del XIX. Primer Dunquerque de la historia en 1809.