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17 marzo 2010

LOS BENEFICIOS DE LA EMIGRACION
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A finales del siglo XIX, época en la que residió en A Coruña Picasso, el puerto era un factor económico decisivo. Haciendo, lamentablemente, bueno el dicho de que no hay mal que por bien no venga, desde 1854 se especializara en un sector importante: la emigración. En cuarenta años, desde 1860 a 1900, Galicia aporta alrededor de 400.000 emigrantes, censados, una salida media anual de unas 10.000 personas mayoritariamente a través de los puertos de A Coruña y Vigo.
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Esto provoca la instalación en la ciudad de las principales compañías navieras del mundo. Las inglesas Nelson, Houlder, Lampor; las alemanas Hamburg-Amerika Line, Lloyd Norte Alemana, Mulder; las francesas Chargeurs Réunis, Mensajera Marítima de Francia o las holandesas Mala Real Holandesa, Zuid América Ling, que tenían en esta ciudad una red de consignatarios como Barrié y Cía, Nicolás del Río, Pérez y Cía, Molina.
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Se perdiera casi del todo el sector, en su momento poderoso, de los armadores, tan solo quedaba Molina y Cía con dos barcos que exportaban madera de pino para Cardiff y traía carbón, y la compañía de López Pérez con dos barcos de cabotaje. La emigración los salvara al poder reconvertirse en consignatarios.
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La emigración proporciona buenos beneficios a todos: consignatarios, compañías, intermediarios, agentes, posadas, fondas y comercios en general, sin olvidar a los bancos al recaudar las remesas enviadas por los emigrantes.

13 marzo 2008

LA EXPEDICION DE FAMILIAS
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Durante el último tercio del siglo XVIII se cuentan por miles los emigrantes, en su mayoría gallegos, que parten del puerto de A Coruña para colonizar las tierras de la Patagonia, primero, y luego para establecerse en la banda oriental del Plata, esto es, en el actual Uruguay.
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No se trata, en principio, de una emigración espontánea, sino controlada y orientada por el gobierno de Carlos III. Éste, movido fundamentalmente por razones políticas y estratégicas, decreta en 1773 la denominada Expedición de las familias, acertado intento de la costa atlántica, de enorme importancia para dominar el Pacífico. Dos siglos antes ya se había percatado de este hecho el marino gallego Pedro Sarmiento de Gamboa y ahora, tras la ocupación de la Gran Malvina por los ingleses y el consiguiente peligro que podía significar para la dominación española, el gobierno se decide a repoblar con familias enteras la franja costera de la Patagonia como primer paso para consolidar la presencia española en la zona.
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La salida de estos emigrantes -gallegos, asturianos y leoneses- se centraliza en el puerto de A Coruña. De su selección, alojamiento y posterior embarque se encarga la Comisión de Expedición de familias que, como señala el historiador coruñés Tettamancy, estaba integrada por su director-comisario, un escribano-secretario y varios empleados. "Familias enteras -prosigue el citado historiador-, compuestos de 8 y 10 miembros, de las regiones gallegas y asturiana, y parte de la de Castilla, eran las que formaban estas expediciones [...] Mientras no realizaban el embarque, facilitábaseles por cuenta de la Real Hacienda hospedaje convenientemente preparado y se les mantenía con esplendidez; eran, además, objeto de las más escrupulosas consideraciones."
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En 1773 salieron tres expediciones: la primera en la fragata Nuestra Señora del Carmen, con 83 emigrantes; la segunda en la Santísima Trinidad, con 137; y la tercera en el bergantín San Jorge, con 201. Dos años más tarde partieron 223 y 294 emigrantes en las embarcaciones San Buenaventura y Virgen de los Dolores, respectivamente. La salida de emigrantes fue regular hasta 1779, en que se paralizó provisionalmente a causa de la inminente guerra con los ingleses.
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De acuerdo con el proyecto de crear dos establecimientos en Bahía Sin Fondo y San Julián, Gálvez, ministro de Carlos III, cursa al virrey Vértiz, en 1778, las oportunas instrucciones para el asentamiento de fuertes y poblaciones en los puntos elegidos de la costa atlántica hasta el estrecho de Magallanes, con el fin de garantizar al trono "el dominio de tan dilatadas regiones". Por una Real Orden de ese mismo año se le comunica al intendente de A Coruña, Astraudi, la necesidad de enviar a las tierras de Plata familias versadas fundamentalmente en las labores agrícolas y también artesanos.
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Carlos III nombra, en 1778, superintendente de los nuevos asentamientos de Bahía Sin Fondo y San Julián a Juan de la Piedra. Pero los esfuerzos de éste y del gobierno, encaminados a prestar a los colonizadores las atenciones y los medios necesarios para llevar a buen término su difícil labor, chocaron con la oposición del virrey Vértiz, que los dejó prácticamente abandonados. La situación de los emigrantes, sin ropas, ni calzado, ni herramientas, ni bueyes, llegó a ser inhumana. Incluso no se le pagaba el real diario que se les había ofrecido, pago que aún reclamaban en 1790.
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La Expedición de las familias, si bien fue un fracaso en su intento de poblar la inhóspita costa patagónica, representa un aporte importante al poblamiento de la frontera bonaerense con el indio, a la fundación de nuevos poblados y al reforzamiento de los ya existentes sobre la costa del litoral uruguayo.

08 noviembre 2007

HACIA LAS AMERICAS
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De siempre tuvo el puerto coruñés insuperable situación para la comunicación marítima con América. De ahí la tradicional preferencia que le daban las grandes empresas navieras y con la realidad geográfica que hace de A Coruña el punto de Europa más cercano a Nueva York, por ejemplo, distancia que es de 2.850 millas, que en la derrota de los barcos se convierte en 2.950, mientras que la de Nueva York-Burdeos es de 3.190 millas, la de Nueva York-Havre 3.150 y la de Nueva York-Southamptom 3.110.

19 octubre 2007

LA EMIGRACION
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Sin ley y con ley de emigración, la gente seguía marchándose de España a bandadas. Ni las leyes ni los organismos llamados a encauzar tamaña sangría, conseguían nada práctico porque tampoco nada práctico ofrecían como compensación a los que se quedaban en España.
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En los últimos meses del año 1908 la corriente migratoria en vez de atenuarse, como ocurría en otros tiempos, por el contrario llegó a registrar cifras verdaderamente aterradoras.
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En A Coruña, como en Bilbao, Santander, Cádiz o Vigo se embarcaba en multitud. De nuestro puerto salían los trasatlánticos un día sí y otra también completamente abarrotados.
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A últimos de octubre y primeros de noviembre, coincidían casi todos los días en el puerto de A Coruña, de cuatro a cinco grandes trasatlánticos de pasaje para América.
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Concretamente, el 21 de octubre, fueron tres los que visitaron nuestro puerto recogiendo más de dos millares de emigrantes para Argentina y La Habana.
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Un gran contingente de emigrantes pertenecían a las parroquias próximas a A Coruña muchas de las cuales vieron reducidos a la mitad el número de sus feligreses.
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Durante los últimos meses de 1912, los trenes estuvieron llegando a A Coruña con cierto retraso. El hecho era realmente desolador y no por el retraso en sí mismo, sino porque la demora estaba motivada por el enorme contingente de emigrantes que, en muchísimas ocasiones, tomaban el tren para dirigirse a A Coruña.
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Era una verdadera avalancha la que llegaba casi diariamente a nuestra ciudad no sólo de los distintos pueblos de Galicia, sino también de muchos puntos de Castilla.
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Era tal el número de emigrantes que muchos tenían que esperar varios días en la ciudad para encontrar un barco que los transportase.
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Había problemas por tanta gente para acogerlos en fondas, hoteles, pensiones y casas de huéspedes.